Tras más de 2 años sin lanzar REGRESÓ Ismel Jiménez y casi tira 90 mph

Su balance de 131 triunfos y 56 derrotas lo mantienen con el tercer mejor promedio de ganados y perdidos entre los lanzadores cubanos. Solo que ahora tiene bien claro que no puede andar mirando ni la historia ni los números en esta nueva carrera
Su balance de 131 triunfos y 56 derrotas lo mantienen con el tercer mejor promedio de ganados y perdidos entre los lanzadores cubanos. Solo que ahora tiene bien claro que no puede andar mirando ni la historia ni los números en esta nueva carrera
Foto: Ricardo López
Por Elsa Ramos.

Ni la victoria ante Australia en el II Clásico Mundial, ni los 131 juegos ganados que exhibe en su enjundiosa carrera le provocaron a Ismel Jiménez Santiago el éxtasis que le produjo su salida al box ante Matanzas el pasado lunes.


“Me sentí muy presionado, parecía un niño chiquito, era como si hubiese sido el primer inning que lanzaba en toda mi vida, he pitcheado en eventos internacionales, en play off, en juegos complicados, pero te digo que lo más difícil de mi vida fue tirar esa primera pelota para el home”.

La reacción tenía toda la lógica del mundo. En el momento que subió a la lomita del “Huelga” habían pasado casi tres años de no lanzar “en serio”, tras sufrir una severa lesión en su brazo de tirar mientras jugaba en la liga profesional de Canadá. Desde entonces hasta aquí Ismel recorrió un larguísimo camino de tratamientos médicos y rehabilitadores, dudas, tensiones, lágrimas, desesperos. Los espectadores, que sabían todo eso y también de la voluntad del hombre que por 11 campañas los hizo delirar, respondió a la altura del momento.

“El público me puso presión, apenas salí de la zona de calentamiento empezaron a aplaudir ahí, ahí, ahí… todo el mundo de pie y no pude soltar esa presión, yo decía: caballero, ¿qué habrá pasado?, no pensé que fuera conmigo. Mientras caminaba hacia el box aumentaban los aplausos, hasta que llegué a la lomita, me quité la gorra, saludé a todo el mundo y de una forma u otra les di las gracias”.



Aunque su actuación no tuvo decisión, los dos tercios de entrada que lanzó en calidad de relevo le parecieron un juego entero: “Me sentí súper feliz, contento con todo el mundo que me dio la mano para poder volver a pararme ahí después de todo lo que pasó… Que el primer lanzamiento sea strike y que el primer bateador fuera out era más de lo que esperaba, porque llevo tiempo sufriendo para recuperarme; por ello, llegar a ese punto para mí es una victoria”.

Y lo fue. Por tanta perseverancia, entrega, pasión, valor. Por eso no le interesó la pistola ni buscó las 90 millas que antes registró, ni la slider que fue su mejor aliada; tampoco se inmutó cuando entraron las tres carreras sucias. 

“No me preocupé por la velocidad, si yo cuando estaba bien tampoco preguntaba; me decían: ‘Oye, Ismel, tiraste 89 millas’, aunque hubiese tirado 90, eso ya me enfermaba a mí, por tanto ahora yo sé que es mínima menos me preocupo, lo mío es sacar outs”.



Y ese día, pensó que era el indicado: “Cuando llegué al estadio, le dije al entrenador de pitcheo y al director que estaba listo para que me pusieran cuando ellos entendieran, aprovecharon ese momento y me mandaron al bullpen, allí me sentía confiado y seguro”.

Sancti Spíritus, el equipo y el pueblo le debían ese riesgo a quien se ha dedicado en cuerpo y alma al béisbol. Claro que ayudó el contexto con unos Gallos en plena racha victoriosa y la pizarra con diferencia holgada en un partido donde se consumó una barrida a Matanzas que no lograban desde la campaña 55. Pero igual pudo ser diferente el destino del encuentro. Lo que sucedía en medio de la tarde de ese lunes era más que un juego de pelota: era el regreso de un hijo después de una larga batalla.

De esa batalla de Ismel vs. Ismel, al parecer salió ganando también la constancia: “Al otro día, me sentía bien, sin molestias ni dolor en el brazo, creo que asimilé bastante bien todo el tratamiento. He realizado una preparación junto con el resto de los lanzadores, pero un poco diferente, para aumentar la velocidad. Como he dicho otras veces, no me operé nunca, la lesión no me afectó tanto como el yeso que me dejó una rigidez muscular muy grande y perdí fuerza en el brazo, he tenido que recuperarla poco a poco; incluso, me queda una pequeña atrofia muscular que mejorará con el tiempo y los lanzamientos diarios”.



Siente el placer de la victoria de sus compañeros de equipo que también le prodigaron el abrazo del hermano, del padre o de la familia, que siempre le guardó, en señal de respeto, su puesto.

“Sé que ahora debe ser poco a poco, tirar otra entrada para ir buscando la confianza necesaria, porque cuando ella llegue seré otra persona”.

Sueña como todos que la clasificación es posible y eso elevó el simbolismo de ese momento.

“El mayor regalo de mi carrera deportiva no ha sido que me dieran una casa ni nada material, sino el aplauso tan grande que me dedicó ese público, lo mismo cuando entré que cuando salí del box, y pensé que el que siembra recoge.



“Sancti Spíritus conmigo ha sido incondicional, desde que me fracturé el brazo la gente permanentemente me da ánimo y me preguntaba que cuándo iba a lanzar. Me sentaba en el portal de mi casa y me decían: ‘Oye, párate, que tú eres el caballo de nosotros’; además del apoyo de mi familia, mis amigos, todo eso ha sido lo que me ha dado la fuerza para seguir adelante, gracias a Dios ya me trepé al box y rompí el hielo”.

Su balance de 131 triunfos y 56 derrotas lo mantienen con el tercer mejor promedio de ganados y perdidos entre los lanzadores cubanos. Solo que ahora tiene bien claro que no puede andar mirando ni la historia ni los números en esta nueva carrera.

“Sé que soy otro Ismel, no puedo pedirme ser el mismo de antes, ahora soy el Ismel con menos velocidad, que viene de una lesión grave y busca marañas, control y algún tipo de lanzamiento, pero lo importante es aportar y estar ahí”.


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