Adrián El Duquesito Hernández: "Amo a los Yankees, pero sinceramente más amo a mis Industriales"

Tras un breve paso –dejó balance de 27 triunfos y 17 derrotas con una efectividad de 2.99 en Series Nacionales, Adrián decidió probar suerte en el mejor béisbol del mundo y se marchó para firmar con los Yankees.
Tras un breve paso –dejó balance de 27 triunfos y 17 derrotas con una efectividad de 2.99 en Series Nacionales, Adrián decidió probar suerte en el mejor béisbol del mundo y se marchó para firmar con los Yankees.

Por Jorge Ebro.

El público le apodó “El Duquesito’’ por sus movimientos parecidos a los de Orlando Hernández, el idéntico apellido y la militancia en Industriales, pero los íntimos le conocían de otra manera. Para ellos Adrián Hernández era “El Cuchillo de Miraflores’’.



A su manera, Adrián se convirtió en un favorito de la afición azul por su coraje y su deseo por tomar la pelota cuando el juego se encontraba en la cuerda floja. En eso El Duque y El Duquesito también compartían la misma pasión.

Tras un breve paso –dejó balance de 27 triunfos y 17 derrotas con una efectividad de 2.99 en Series Nacionales, Adrián decidió probar suerte en el mejor béisbol del mundo y se marchó para firmar con los Yankees. Otra coincidencia más.

Ahora sigue un camino propio, pero sin olvidar aquellos tiempos en que “El Cuchillo de Miraflores’’ infundaba temor con sus lanzamientos cortantes y profundos.





¿A qué te dedicas por estos días?

“Vivo en Orlando, Florida, donde tengo una academia de béisbol y practican muchachos desde cinco años en adelante. Es mi nueva pasión. Me encanta trabajar con niños. Traigo prospectos de diferentes países y los preparo, los ayudó a encontrar un colegio’’.




¿Extrañas los tiempos de jugador?

“Extraño mucho los tiempos de Cuba, cuando la gente comenzó a conocer a Adrián Hernández, “El Cuchillo de Miraflores’’. Aquí en Estados Unidos extraño a los Yankees, a Milwaukee, pero no tanto como extraño a los Industriales. Trabajar con los niños es una terapia para mí’’.

¿Cómo llegas a tener esos movimientos parecidos a El Duque?

“Desde chico tenía mi manera de lanzar por dentro, la de El Duque era por fuera. El Duque es mi ídolo, mi hermano, la persona que yo siempre quise seguir, y eso es lo más lindo que me ha pasado en mi carrera, que la gente me identificara con él, aunque no fuera yo ni la mitad de lo que fue él, ni lo que es hoy en día. Él es mi ídolo’’.





Pero tú también te convertiste en ídolo de la afición azul.

“Fue difícil. Cuando comencé con Industriales en el 98, 99, estaba en la Liga de Desarrollo. Me dieron la oportunidad y fui creciendo y creciendo. Era uno de sus pitchers con hambre y deseos, que no siente miedo. Quería que la gente conociera a El Cuchillo de Miraflores’’.

¿En qué momento decides irte?

“Cuando me trancaron las puertas. Se habían quedado Liván, Orlando, otros peloteros y pensaron, cuando se hizo el equipo Cuba que iba a jugar aquí con los Orioles, que quizá me iba quedar y no me dieron la oportunidad. Me dije que mi futuro en Cuba había terminado. Nunca pensé abandonar mi país al que amo, como a Industriales y a los aficionados’’.

¿Te costó trabajo comenzar en Estados Unidos?

“A todos nos cuesta trabajo, en todos los sentidos, en el idioma, en la alimentación. Cuando salí de Cuba fui a Guatemala, un país que amo muchísimo y donde me firmaron los Yankees. Al final, me adapté’’.




Pero al menos llegaste a Grandes Ligas.

“Llegar a Grandes Ligas es como tocar al cielo y decir: llegué. Esa es la pasión de los peloteros y de cualquier atleta, llegar a lo má alto y hacerlo con los Yankees, el equipo que me firmó, es lo más grande que me ha pasado’’.

Industriales y los Yankees, al igual que El Duque...

“Los quise y los amo a los dos equipos, pero sinceramente más amo a mis Industriales. Fue de donde salí, donde nació el nombre de El Cuchillo de Miraflores y eso nada ni nadie lo podrá borrar nunca’’.

¿Estás contento con lo que lograste o se te quedó algo?

“No, estoy contento. Agradecido con Dios porque me dio la oportunidad de conocer otras cosas, otras metas, otro nivel de juego, otras personas, este país. No me arrepiento de nada’’.

Con información tomada de El Nuevo Herald


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