Frederich Cepeda y el grito silencioso de un hombre grande

Al momento de entrar en materia beisbolera, los favoritos son los de siempre, Linares, Kindelán, Pacheco; ahora, Gourriel, Abreu, Puig, nadie se acuerda de Cepeda
Al momento de entrar en materia beisbolera, los favoritos son los de siempre, Linares, Kindelán, Pacheco; ahora, Gourriel, Abreu, Puig, nadie se acuerda de Cepeda

Por Alexander García Milián

La vida con su paso azaroso te colma de elecciones, te lleva a optar por esto y a desechar aquello. Es algo innegable que la mayoría de edad te hace ver las cosas con otro cariz, con más profundidad.


Cuando muchos de mi generación eligen a Messi o a Cristiano como su deportista preferido, yo pienso en un nombre que para mi trasciende cualquier deporte, Frederich Cepeda. Y al hacerlo se que muchos me colgaran el cartel de ridículo… Los hechos dirán. 

Ya los iconos deportivos de mi generación han cambiado mucho, ya los peloteros que antes eran de los agraciados quedan relegados a un tercero o cuarto plano.

Al momento de entrar en materia beisbolera, los favoritos son los de siempre, Linares, Kindelán, Pacheco; ahora, Gourriel, Abreu, Puig, nadie se acuerda de Cepeda.



Quizás el inicio…

Es agosto de 2004, en Atenas, cuna del olimpismo, el máximo certamen del musculo a nivel mundial se apresta a cerrar una nueva versión. En tierras griegas han medido sus fuerzas lo mejor del deporte en el planeta y el béisbol no quiere ser la excepción.

La final del torneo beisbolero depara una sorpresa para los entendidos, Australia dejó fuera a la favorita Japón y discutirá el título con Cuba.

Los cubanos, vienen por resarcir la derrota sufrida cuatro años en Sídney ante Estados Unidos. Luego de perder en la primera ronda ante los nipones, los criollos se batieron de tu a tu con los canadienses hasta vencerlos tras un atrapadón en el left field.



El partido por el oro se torna difícil, ya desde la llegada del profesionalismo a los eventos de la IBAF en 1998, cuesta ganar tan fácil.

Con el partido apretado, Carlos Tabares pone a prueba su agilidad mental y tras levantar rápido su guante, el árbitro canta out aún batazo que a todas luces había pegado contra la cerca. El destino es así, en la tierra de Sófocles y Esquilo, en la cuna del teatro moderno, un cubano hiso gala de gran actuación.

Leve Flash Back

Estamos en 2002, ahora en el estadio Calixto García, Oscar Gil esta a un out de la victoria, del campeonato para Holguín. La ventaja es de una carrera y Sanctis Spiritus tiene las bases llenas, al bate esta Frederich Cepeda, un hombre que viene dando que hablar.

- “ … Preparado Oscar Gil, realiza los movimientos,… ¡recta alta!, ¡Cepeda abanica!,… ¡Holguín Campeón!...”. La gente salta al terreno, todo es una locura.




Es un momento histórico para la pelota en Cuba, también un amargo trance para Frederich Cepeda. Un recuerdo que permanece en su memoria, en el mismo instante que dos años después rompió la tensión en la final de la Olimpiada en Atenas con un largo batazo por el right field.

El juego ante los australianos se abrió y ya la ruta para Dany Betancourt fue cómoda.

Fue la tercera corona olímpica para Cuba, la labor estaba cumplida y Cepeda comenzaba a hacer historia.



Parte 2, 3…4

Es marzo de 2006 y el tiempo se fragmento en pequeños instantes, se expande otra vez y vamos de San Juan en Puerto Rico hasta San Diego en Estados Unidos.

En la segunda ronda del primer Clásico Mundial de Béisbol, Cuba enfrenta en el grupo de la muerte a las potencias del Caribe, Puerto Rico, Venezuela y Republica Dominicana, 

Los cubanos habían sido noqueados por los boricuas en el último juego de la primera fase, llegaban contra Venezuela a enfrentar al estelar Johan Santana.

El partido en sus primeros compases estuvo cerrado y solo sendas líneas de Ariel Borrero y Yoandy Garlobo mellaron el dominio del zurdo Santana. Por su parte Yadel Martí sorteaba con maña la tanda de Carlos Guillén, Víctor Martínez, Omar Vizquel y compañía.



Con las miradas puestas en Yuliesky Gourriel y Garlobo, Frederich Cepeda llevaba buen desempeño al bate en el torneo y nadie lo tenía en cuenta…

Cuando el juego agonizaba,- “… Ahí lanza el pitcher,… conecta Cepeda batazo alto, largo por el jardín derecho,… jonrón de Frederich Cepeda…”- Aún retumba en mis oídos la narración y veo pasar las imágenes de la conexión. Ese fue el puntillazo y Cuba casi colocaba pie y medio en semifinales.

Continuación

El tiempo, ese que nos atormenta hace lo que quiere otra vez con nosotros. Ahora es febrero de 2015, estamos en San Juan, Puerto Rico otra vez pero en un contexto diferente. Es la Serie del Caribe y Cuba asiste con los Vegueros de Pínar del Río a la justa.

Para acceder a semifinales los criollos tuvieron que pelear duro el partido ante los locales. Una línea tendida de Roel Santos metió en segunda fase a los dirigidos por Alfonso Urquiola.



Todos hablaban, nuestros comentaristas tenían la voz cantante para criticar y Frederich Cepeda, el de siempre, el que es el mismo en malas y buenas, estaba mal y era el blanco de Rodolfo García y compañía.

En el juego del cruce, bueno en semifinal ante Venezuela y en la discusión del oro con México, ¿Quién se echo el equipo encima?... Frederich Cepeda señores… La memoria traiciona pero no el corazón.

Es Cepeda, el mismo que en la final del primer cásico contra Japón, la sacó por el right field en el Petco Park para pegar el juego y poner a vibrar a la Isla. Es Cepeda el que en el segundo clásico también conecto largo por el center field para decretar el nocaut y dejar tendidos a los locales de México.

Es Cepeda, una historia que se vuelve miles de anécdotas, de sucesos memorables. Es el hombre que pidió el mítico Sadaharu Oh para ir a jugar con los Gigantes de Yomiuri.

¿Cuántas veces?, ¿Qué más hacer?,… preguntas, respuestas…señor Cepeda, pase usted estelar.


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